Benumeya ابن أمية

03/30/2010

La democracia musulmana según Occidente y sus deseos

Archivado en: Obras de Rodolfo Gil Benumeya Grimau — benumeya @ 12:29 pm
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Rodolfo Gil Benumeya Grimau
[publicado con un título diferente en Hesperia, Madrid, 2007]

Hamas, Movimiento de la Resistencia Islámica, ganó las elecciones legislativas por mayoría en Palestina el 26 de enero de 2006, limpiamente, con legitimidad; en buena parte porque las instituciones palestinas de la OLP —antes presididas por Yāsir ‘Arafāt y ahora por Maḥ̣mūd ‘Abbās— y su partido, el Fatah, habían perdido la capacidad de controlar a los palestinos desilusionados por su ineficacia y su corrupción. A Hamas se le planteaba, pues, resolver la realidad diaria y la idea que el mundo tiene de ellos.

Hamas tiene sus raíces en los Hermanos Musulmanes ‘Ijwān al-Muslimīn, egipcios, movimiento social, religioso de carácter sunní y político, de muy amplia trayectoria a medias combativa, fundado en 1928. Desde el principio tuvo el apoyo de Arabia Saudí y de los Estados Unidos contra la influencia comunista y, al ocupar el poder de Egipto los Oficiales Libres con Gamāl ‘Abd al-Nāṣir a la cabeza, transformarse en líderes del Tercer Mundo, nacionalizar el Canal de Suez, etc., su empeño se dirigió contra ellos con una pugna dura de inciertas variables radicalizadas con derramamiento de sangre.

El Movimiento de la Resistencia Islámica palestino, Hamas, fue a su vez fundado por el Sheyj o Jeque Aḥmad Yasin —Šayj Aḥmad Yāsīn— ciego y paralítico, que estuvo en las cárceles israelíes, salió de ellas y organizó el Movimiento con el fin mediato de vencer a Israel y el inmediato de frenar y contrarrestar a la OLP, hasta transformarse en un proceso guerrillero bastante activo cuyos jefes —empezando por el Sheyj Yasin— han ido siendo eliminados en los autocalificados «asesinatos selectivos» del Gobierno de Tel Aviv. El componente humano de Hamas es de musulmanes shi‘íes —šiī— y su asentamiento está sobre todo en la franja de Gaza. Su acercamiento al pueblo es profundo y ha realizado en buena parte lo que prometía desde el principio: escuelas, hospitales, ayuda inmediata… La idea de Hamas es la de superar la retórica populista, que tanto ha desprestigiado a la OLP, y dedicarse a la acción, tanto la civil como la guerrillera contra el Estado de Israel al que se ha negado siempre a reconocer.

Estas dos últimas circunstancias han hecho que, al ganar las elecciones legislativas, su victoria, su mayoría parlamentaria y la formación de su Gobierno hayan suscitado un rechazo generalizado —con más o menos variables— en Occidente, por supuesto que en Israel y también en otros países integrados de una forma u otra en la órbita de los Estados Unidos de Norteamérica. El caso recuerda al de las elecciones argelinas de 1992, cuando el FIS —Frente Islámico de Salvación— ganó mayoritaria y claramente la primera vuelta de las mismas —en muy buena parte por causa de la ineficacia y corrupción del tradicional FLN— y fue prohibido ante la complacencia apenas disimulada de Occidente, temeroso del establecimiento de un régimen islámico en pleno Mediterráneo. Lo que dio lugar a la cruenta y confusa guerra civil que hemos visto durante años.

Por su propia idiosincrasia Hamas se quiere irreductible en cuanto al reconocimiento de Israel y a la lucha armada, lo que ha provocado el bloqueo de los fondos de ayuda o de compensaciones económicas occidentales, incluso israelíes, a la Autoridad Palestina, dando lugar al correspondiente caos interno. Lo que se pretende es que Hamas abandone implícita o explícitamente esa postura dando lugar a un reconocimiento de facto y a un comienzo de conversaciones que prolonguen las de la Hoja de Ruta primitiva. Sin embargo, los integrantes de Hamas no parecen tener de momento la adecuación de actitudes necesaria para pasar de ser un movimiento ideológico y guerrillero a un ente de gobierno, con todos sus compromisos y diálogos internos e internacionales. Con un reconocimiento paulatino de Israel. No están resolviendo su realidad diaria ni la idea que el mundo tiene de ellos.

Y, a través de todo este desequilibrio, irrumpen los episodios que han servido de motivo para las crisis en las que hemos estado hace poco y aún estamos en buena medida. Un militar israelí es —absurdamente— raptado por alguna organización filial palestina no identificada frente a los medios, lo que provoca una reacción israelí desproporcionada contra Hamas. Por su parte y en principio sin motivo, la organización armada shi‘i libanesa del Partido de Dios —Ḥ̣izbu Al.lāh— rapta por su cuenta a dos militares israelíes, lo que suscita una guerra de resultado ampliamente incierto, mucha destrucción, serias dudas acerca de la capacidad actual del ejército israelí sobre el terreno, y un fortalecimiento de la imagen de Hizbu All.lāh entre los árabes y musulmanes en general.

De momento, esto ha dado como resultado el despliegue de buena parte del pequeño ejército regular y nacional de El Líbano tanto en el territorio meridional dominado por Hizbu All.lāh como en la frontera entre El Líbano y Siria. La intención primera es la servir de fuerzas de interposición entre Hizbu All.lāh y el ejército israelí —junto con las fuerzas internacionales que se vayan incorporando bajo mandato de Naciones Unidas— y la de impedir cualquier filtración de armamento y otros medios para Hizbu All.lāh desde Siria. Las intenciones segundas son las de emprender el desarme de Hizbu All.lāh, tarea muy difícil para las fuerzas regulares libanesas incluso con la improbable colaboración militar internacional, y la de cerrar toda posible entrada a El Líbano de fuerzas sirias, como entraron en el pasado; fuerzas que los sirios han tenido que retirar tras muchos años de permanencia hace unos meses.

El movimiento shi‘í de Hizbu All.lāh, y su jefe, Hasan Nasr Al.lah — Ḥāsan Naṣr Al.lāh— procuran un acercamiento a los sunníes y a los cristianos católicos libaneses —es de suponer que a los drusos también— que han demostrado nada más terminarse los combates repartiendo en mano entre los damnificados de cualquier confesión cantidades importantes de dinero para que puedan vivir hasta que se reconstruyan sus casas, etc. Lo cual, evidentemente, está haciendo crecer su popularidad dentro de El Líbano y fuera de él; aunque muchos libaneses, no de Hizbu All.lāh, quieran que desarmen su milicia igual que se desarmaron las otras milicias que había al final de la guerra civil e invasión de Israel de hace unos años.

Hizbu All.lāh es económicamente fuerte de por sí, lo mismo que lo son y han sido los otros movimientos y sectores de poder que hay y ha habido siempre en El Líbano, país de financieros, comerciantes y negocios, heredero geopolítica y caracterológicamente de la antigua Fenicia. Por lo tanto, puede adquirir su armamento comprándolo y no recibiéndolo como ayuda masiva ni de Siria ni de Irán; si bien en parte sea probablemente de fabricación iraní —sobre todo los cohetes Katiusha, invento soviético de muy incierta puntería aunque efectivo en bombardeos masivos.

Las relaciones de Hizbu All.lāh con la poderosa república shi‘í de Irán no parecen ser las de dependencia, en la que tanto insisten la actual Administración norteamericana, algún país europeo y el mismo Israel, Son relaciones de escuela religiosa —la Shi‘a — una de las dos mayoritarias que existen ahora en el Islam, como existen bastantes más en el cristianismo, por consiguiente de visión de lo divino y lo humano, junto con colaboraciones puntuales como la de haber recibido un centenar de instructores combatientes e ideológicos iraníes hace una década o así. Las relaciones con Siria —nación gobernada por una minoría igualmente shi‘í, los ‘alawíes, al margen de la Shí‘a en general— tampoco son de dependencia sino de interés mutuo circunstancial que se centra en el tradicional deseo de Siria por extenderse sobre El Líbano. Parece patente que Hizbu All.lāh no tiene ningún vínculo con la supuesta organización de Al Qā‘ida, enemigo institucional norteamericano en el que de todas las maneras las clases medias árabes no creen o no ven claro. Al contrario que Bin Ladin, el dirigente de Hizbu Al.lāh, Hāsan Naṣr Al.lāh, es una figura real que ha cobrado una presencia real y victoriosa entre los árabes y musulmanes.

El porqué intervino en su momento Hizbu Al.lāh raptando a los dos soldados israelíes no está claro, como no lo está el anterior rapto del militar israelí por parte de unos palestinos anónimos, ni convencen los argumentos aducidos de intercambiarlos por numerosísimos prisioneros musulmanes. No son de política verosímil. Puede ser que Hizbu Al.lāh haya pretendido abrir un segundo frente aliviando la situación de Hamas, pero el mismo Hāsan Naṣr Al.lāh ha declarado que si hubiera sabido que el rapto de los dos militares iba a provocar una guerra no lo habría hecho.

Ha sido un conflicto no declarado muy destructor, tanto en servicios como en bienes y vidas. En El Líbano ha muerto bastante población civil junto con los combatientes de Hizbu All.lāh, pero hay que tener en cuenta que Hizbu All.lāh tiene mucho arraigo entre la población civil del sur libanés, que al mismo tiempo es en buena parte la combatiente al no estar marcadas las diferencias con uniformes ni con emplazamientos estratégicos definidos.

Los israelíes sí las tienen perfectamente definidas. La estructura militar israelí —el Tsahal— ha tenido seguramente muchas menos bajas entre muertos y heridos, pero proporcionalmente a los días de combate y a los medios empleados sobre el terreno su número es alto para unos resultados tácticamente regulares. El resto de las bajas son propiamente civiles como resultado de la lluvia de cohetes Katiusha lanzada hasta el comienzo de la tregua por la organización libanesa.

¿Por qué ha entrado el Gobierno israelí en esta guerra tan desproporcionada al supuesto motivo?

En noviembre de 2005 el desaparecido primer ministro Ariel Sharon, activo ex militar de prestigio que, como ministro de Defensa llevó a cabo la invasión y guerra de El Líbano de 1982 para expulsar a la OLP, fundó un partido de centro —escindiéndose del partido de derechas Likud— que es el de Kadima, «Hacia adelante», al que sumaron algunos laboristas. Tras la brusca desaparición de Ariel Sharon, le ha sucedido uno de sus más íntimos colaboradores, Ehud Olmert, que es actualmente primer ministro. Kadima ha heredado toda la política de Sharon que le hizo separarse del Likud, o sea las relaciones con los palestinos, los asentamientos, la Hoja de Ruta, el muro, la presión contra Hamas, etc., y su política exterior. A lo que ha venido a añadirse el triunfo legislativo de Hamas y su negativa a seguir el diálogo en curso de la autoridad palestina encabezada por la OLP.

Tanto Kadima, partido recién fundado y sin asentar, con un buen paquete de contenciosos internos, como Olmert, político de experiencia pero sin ningún activo marcial —lo que parece ser casi necesario en los últimos años de los Gobiernos israelíes— necesitaban de una intervención militar triunfante, como la hecha por Sharon en la guerra de El Líbano de 1982, desplazando o anulando en este caso a Hizbu All.lāh. Lo han conseguido, como ya he dicho, solamente a medias; con un fracaso mucho mayor para la Administración norteamericana y su política en el mundo árabe y musulmán.

La destrucción ocasionada en El Libano a causa fundamentalmente de los bombardeos israelíes, es de todas formas inferior a la que se produjo en 1982. Aquella quedó reconstruida en unos años gracias al volumen de negocios que produjo, a cargo de promotores libaneses, árabes, europeos y también norteamericanos. De todos ellos, Rafic Hariri —Rafīq Ḥarīrī — el ex primer ministro sunní asesinado probablemente por inspiración siria, hace poco tiempo, mediante un coche bomba, fue el principal promotor, lo que lo hizo ser multimillonario y pasar al mundo de la política en contra del protectorado de facto sirio.

Actualmente —casi desde el comienzo— los planes de reconstrucción están sin duda en marcha, y los capitales libaneses, saudíes y occidentales preparados, incluso el dinero de algunos Estados. Hay reconstrucciones que serán financiadas puntualmente por algunos países a cambio de las compensaciones que sean. Surgirán nuevos multimillonarios libaneses a caballo entre la política, la influencia exterior o el patriotismo. La obra de Hariri habrá quedado destruida en parte pero será rehecha por otros. Dinero nacional, dinero internacional.

La razón de fondo de todo este rompecabezas entrelazado, en el que algunas naciones europeas entran con mucha precaución por mucho conocimiento, está a mi juicio en la aparición de Hamas como Gobierno palestino. A nadie le ha gustado su victoria, y tampoco a la Autoridad palestina presidida por la OLP, que no puede controlarlo y difícilmente convencerlo. De una forma u otra, entre todos han intentado controlar y orientar su proceso de asentamiento en el poder casi sin conseguirlo. Entonces, entre todos lo ha ahogado —unos en una forma y otros de otra— y uno, Israel, ha hecho el trabajo sucio bajo la mirada complacida o disimulada de casi todos, incluida la OLP, , hasta levar a cabo una guerra que se pretendía ejemplar.

El Gobierno de concertación palestino que parece estarse preparando, entre Hamas y la OLP, puede ser evidentemente la solución momentánea para salir del temor, que ocasiona a todos un gobierno monocolor de Hamas que no vaya a seguir de algún modo el juego establecido. De todas maneras se seguirá presionando a Hamas de muchas formas porque occidente no quiere un gobierno árabe musulmán salido de sus bases y formado a su propia forma y entendimiento democráticos. En todo caso, se pretende aplicar la fórmula aplicada en su momento en Portugal y España —con éxito— y luego en algunos países europeos del este, y en otros, con un éxito más relativo.

Ahora la fórmula ha tropezado con otras circunstancias, con un mundo de ideología viva y propia, y con superficies humanas resentidas y alertas ante esta misma mala y cambiante actuación del mismo occidente que se empeña en provocar a lo que debiera calmar.

En Marruecos, por ejemplo, las próximas elecciones pueden dar resultados sorprendentes, se llegue a los acuerdos preelectorales a los que se llegue. Buena parte de las bases de los partidos tradicionales de izquierdas, y mucha gente de ideología de izquierdas no perteneciente a esas bases, incluso gente de centro, se están pasando a los partidos islámicos. Los partidos tradicionales de izquierdas y derechas, de centro —impulsados por la Administración— han decepcionado por haberse situado en los argumentos y en la tesitura del poder. Es cierto también que a juicio de muchísimos marroquíes, el poder está permitiendo y acelerando el desarrollo .—visible— del país en un camino democrático. Hay verdadero interés por el avance, desempobrecimiento y apertura social y de género de las regiones rurales con programas ad hoc propios y en cooperación con otros países. Se emprenden muchas obras pública necesarias. El Meshuar —mešwār— poder real, es mucho más asequible y sencillo que en tiempos de Hasan II. Pero lo cierto es que todavía faltan muchísimas cosas y que la juventud, en buena parte muy atenta en sus dos culturas y pensamientos, espera más y más deprisa.

Hay que dejar que la democracia florezca y crezca a su aire en estos países, con sus fórmulas, sus aspiraciones, su cultura mezclada, su mundo . su inconsciente colectivo. No se puede tratar una vez más de imponerles las fórmulas occidentales, los modelos prefabricados o nada En Egipto, nación en la que la clase media es la dominante a partir sobre todo de la gran reforma educativa emprendida en épocas de Gamal Abd el Naser, una buena parte del país quiere entrar en un proceso democrático claro, con partidos claramente definidos y poderos, pertenecientes alguno a la más antigua política independentista contra los ingleses, a los Hermanos Musulmanes, al socialismo, etc., sin que vuelva a producirse el abrumador absentismo de las últimas elecciones provocado por una política infeudada a los Estados Unidos y el deseo de continuarse a sí mismo igual que en Siria o tal vez en Libia.

Pero no cabe tener miedo a que un partido, un movimiento islámico, con todas sus ideas de base, entre a formar democráticamente un Gobierno de su signo en un país musulmán. Ahí tenemos el caso bien claro de Turquía. Probablemente nunca ha habido en Turquía un Gobierno más aperturista y dispuesto democráticamente, listo y deseoso por todos los conceptos —y no sólo los económicos— a formar parte de la Unión Europea y a negar con su actitud y su esfuerzo cualquier «guerra de civilizaciones», cualquier concepto divisorio del mundo al estilo de lo que se empeña por interés propio en airear la actual Administración de USA en contra de sus mismos intereses de gran nación en crisis.

Vuelvo a insistir en lo que ya venido diciendo varias veces: La incidencia que los acontecimientos de los últimos tiempos —guerra de Iraq, asesinatos selectivos, el muro, rechazo de unas elecciones libres palestinas, guerra contra los libaneses de Hizb Al.lah, y tantas otras cosas procedentes de occidente o aparentemente procedentes de tal, ha tenido y tiene en la población árabe y musulmana, particularmente en su juventud bien formada a niveles varios, bien informada, muy comunicada entre sí a través de Internet y de los teléfonos móviles, muy motivada, por el contrario que la juventud «occidental», va a dar lugar a nuevos diseños ideológicos y a implementaciones políticas públicas sorprendentes. Como le oí decir a uno de esos jóvenes, un cuadro medio: «entre unos y otros han querido devolver El Líbano a la edad de piedra, en este caso a la del cemento roto, ¡pero qué sorpresa se van a llevar!».

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